lunes, 12 de julio de 2010

Burnt Offerings (AP #1), parte 7

ADVERTENCIA: Esta crónica, como es obvio, contiene importantes SPOILERS sobre la campaña que narra, así que nadie que pretenda jugar Rise of Runelords debería leerla. Si ya estas jugando la campaña y has superado la parte de las Mazmorras de la Ira pero no has llegado aun a Thisletop no deberías tener problema con lo que leas.

Del diario de Talitha Symarast

4 de Lamashan del 4707 CA

Se diría que enemigo conocido es presa fácil, pero no siempre es así. Cuando regresamos, allí estaba la brujita esperándonos. Lo esperábamos, así como a su acompañante, uno de esos monstruos de largos brazos. Él también nos era tristemente conocido. Al final de nuestro anterior enfrentamiento con la brujita, al notar su preocupación por el estanque, amenazamos con drenar más el poder del pozo, dejando caer gotas de sangre en él. Y aunque ella pareció preocupada por un momento, no se tragó nuestro farol. Por desgracia, Helgrym es tan orgulloso y obcecado como esa criatura, y cumplió una amenaza que el resto no teníamos intención de cumplir. Así fue cómo nació aquel simpático guardaespaldas de la brujita, al tiempo que el fulgor del estanque disminuía un poco más. Y, para rematar, allí nos esperaba también una araña infernal convocada por nuestro querido esperpento, primera sin duda de una serie de convocaciones.

Pero no eran aquellos los únicos guardaespaldas de la brujita, sólo eran los ya esperados. Para defenderse contra nosotros se había traído también a un goblin horriblemente mutado, un engendro que daba dolor mirar pero que resultaba letal atacando con sus tres brazos. Korovus, el “héroe” goblin del que Shalelu nos hablara, acompañado, cómo, de su famosa espada mágica. Parece que juntarse con seguidores de Lamashtu no mejora precisamente la belleza física (ni espiritual, puestos a pesar en ello).

No narraré todo el enfrentamiento que siguió. Al fin y al cabo, me llevaría demasiado tiempo hacerlo de forma detallada. Sólo diré que entre la brujita y sus amigos acabaron por dejarnos malheridos, envenenados, y hastiados. Y enfadados, muy enfadados con aquella irritante criatura. Incluso cuando despachamos a los acompañantes, ella seguía fuera de nuestro alcance, volando, riéndose de nuestras flechas y conjuros, siempre victoriosa contra nuestros ataques. Al menos, hasta que Minvant consiguió envolverla en pegamento alquímico, y ella cayó como un pájaro con las alas cortadas al estanque inofensivo.

Envuelta en engrudo, empapada, e incapaz de volar, un bicho tan pequeño que deberíamos ser capaces de aplastar de un pisotón. Y ni aun así conseguíamos atraparla. Era demasiado veloz, demasiado escurridiza, y mucho más letal cuerpo a cuerpo que a distancia. Peor, mi idea de usar redes de pesca para atraparla, las cuales mi hermano tuvo que pedir a un pescador del pueblo, resultó ineficaz. Y Min cayó inconsciente, casi moribunda, bajo las garras de aquella bruja infernal. Pero al fin Helgrym y Thaer lograron atraparla, gracias a los dioses, y ahogarla en el estanque. Cuánto he llegado a odiar a ese pequeño ser. Así estés a gusto con Lamashtu, bicho infernal, mientras no vuelvas nunca más a incordiar a este plano.


Recogimos cuanto de valor encontramos en aquel lugar horroroso, examiné un rato el estanque impío sin sacar ninguna conclusión de él, y llevamos a Min a la superficie, más cansados que orgullosos por nuestro logro. Y es que salíamos de allí con vida por los pelos. Aunque con las cabezas de nuestros enemigos como prueba de nuestro hacer, salvo la de la brujita, ya que toda ella se había consumido en polvo al morir.

Por lo menos sabemos ahora qué clase de bicho es la brujita. Esa forma de disolverse en la muerte… propia de un ajeno. El quasit del que hablaba el diario de Tsuto, entonces, que mi ignorancia me había hecho confundir con algún tipo de ser faérico. ¡Hay que ser asno!

Pero al menos regresamos, que ya es mucho decir. Esta vez los guardias de la fábrica no cuestionaron nuestra competencia, simplemente nos escoltaron hasta la catedral, donde el padre Zanthus y sus acólitos atendieron nuestras múltiples heridas y nos dieron alojamiento por una noche.


Aventura, ¿quién dijo que serías tan agotadora? Había imaginado un poco más de gloria y un poco menos de suciedad y frustración. Supongo que eso significa que era una niña ignorante.

Ahora he aprendido. Creo que los cuatro lo hemos hecho.