lunes, 28 de junio de 2010

Burnt Offerings (AP #1), parte 4

ADVERTENCIA: Esta crónica, como es obvio, contiene importantes SPOILERS sobre la campaña que narra, así que nadie que pretenda jugar Rise of Runelords debería leerla. Si ya estas jugando la campaña y has superado la parte de la Fabrica de Cristal aunque aun no la Mazmorra de la Ira no deberias tener problemas.

Del diario de Talitha Symarast


A 1 de Lamashan del 4707 CA, Otoño

Al fin he encontrado más tiempo para seguir con la crónica. Bien, naturalmente una vez que salimos por pelos de la bonita emboscada que Tsuto nos montó, registramos los sótanos de la fábrica de arriba abajo. Y allí encontramos a Ameiko, pobre mujer maltratada. ¿Cómo alguien puede hacer eso a una persona de su misma sangre? Su hermana, además, la única persona que le ha tratado como a un ser humano. Tsuto es un bastardo. Creo que todos tuvimos que reprimirnos para no despellejarle.

Durante el registro encontramos que existen unos túneles, al parecer utilizados antaño por contrabandistas, bajo la fábrica. ¿Hemos encontrado, tal vez, la puerta de entrada de los goblins a la ciudad? Tal vez. Como mínimo es algo que merece la pena investigar.

Llevamos a Ameiko y a Tsuto fuera de la fábrica, la primera a que el padre Zanthus le prestase unos muy necesarios primeros auxilios, y el segundo ante las autoridades, aunque como seguía inconsciente finalmente trasladamos los dos a la Catedral, y Min fue quien se ocupó de avisar a la alcaldesa para que se reuniese con nosotros.


Creímos que sería fácil interrogar a Tsuto, una vez que volviera en sí; herido, confuso, vigilado… Pero no fue así. Pese a toda la confianza que el sheriff depositó en nosotros, nuestra inexperiencia tratando reos nos traicionó. No se nos ocurrió atar a Tsuto, que se abalanzó sobre un guarda, sin atender a nuestros demandas de que el uso de la violencia sólo empeoraría las cosas para él. Todo lo que recibimos en respuesta fue un críptico y enconado comentario: “Cuando mi amor me alce de entre los muertos me entretendré haciendo arder a vuestros seres queridos”. ¡Y antes que pudiéramos siquiera tratar de entender qué significada, Tsutso se arrojó por la ventana, empalándose adrede en la valla del cementerio! Qué manera más horrible de suicidarse…

Aquella reacción nos dejó aplanados. Mientras Min regresaba con la alcaldesa, fui leyendo pasajes del diario de Tsuto, que resultó ser inesperadamente interesante. Tanto es así que acabé leyendo a mi hermano las últimas entradas. Tsuto hablaba allí de una conspiración para destruir Cala Arenosa, al parecer liderada por Nualia. ¡Y pensar que todos la creíamos muerta! El ataque goblin a la ciudad había sido orquestado por ellos, al parecer con la tensión de profanar la tumba del padre de ella, y llevarse el cuerpo; a saber qué oscuro ritual habrán hecho con el pobre… y todo para que su no tal fiel hija pudiera realizar alguna especie de oscura transformación.


Ripnugget, el líder goblin del que nos habló Shalelu, el jefe de de la tribu de Thisletop, está implicado también. Mencionaba también un quasit –bonitas compañías se ha buscado Nualia-, y varios otros nombres que poco nos dijeron.

Nualia. La recuerdo con su carita angelical y su belleza de otro mundo. No es que la tratara gran cosa, ¿pero quién hubiera dicho que podría algún día hacer algo así? Hay que ser tonta, querer librarse de su herencia celestial convirtiéndose en una especie de demonio. Tenemos que buscar información sobre Lamashtu… la diosa de los monstruos, las pesadillas y la locura. Qué mal suena eso.

Al parecer planean realizar otro ataque a Cala Arenosa, esta vez con la intención de reducirlo a cenizas, usando para ello los túneles de contrabandista que hallamos bajo la fábrica de los Kaijutsu… hay que echar un ojo a esos túneles, y a poder ser, sellarlos…

Más tarde Ameiko nos comentó que su hermanastro le había propuesto a unirse a su grupo en Thisletop, y que suponía que ésa debía de ser su base. Cuadra bastante bien con lo que dice el diario. Pero antes de pensar en hacer nada sobre eso tenemos que encargarnos de los túneles.