lunes, 6 de septiembre de 2010

Burnt Offerings (AP #1), parte 12

ADVERTENCIA: Esta crónica, como es obvio, contiene importantes SPOILERS sobre la campaña que narra, así que nadie que pretenda jugar Rise of Runelords debería leerla. Si ya estas jugando la campaña y has superado completamente Cima del Cardo no deberías tener problemas.

Del diario de Talitha Symarast

8 y 9 de Lamashan del 4707 CA


En cierta ocasión, después de que nos vapulearan los goblins, Min me preguntó si estábamos muertos. Yo le contesté que dado lo mucho que nos dolía, era dudoso. Al menos, ya está más allá del dolor. Al menos eso…

Pero Min había quedado en manos de Pharasma y de su diosa. Nosotros teníamos que continuar. Limpia la primera planta del fuerte, cuidamos nuestras heridas como buenamente pudimos, rezando porque Nualia y sus amigos no se dieran cuenta de lo que había pasado allí. Por si acaso, nos retiramos al bosque, a una cueva, para pasar la noche y dejar descansar un poco nuestros doloridos cuerpos (y corazones)

Por suerte los malditos conspiradores no debían tener mucho contacto con los goblins, pues cuando a la mañana siguiente regresamos a la fortaleza encontramos todo tal y como lo habíamos dejado… incluso Gogmurt pareció respetar su trato, pues envió a un secuaz para guiarnos por el lugar desierto.

Bajamos sin nuestro “guía” al nivel inferior, nuestros corazones clamando sangre por Min, ansiando acabar con aquello cuanto antes. No fue prometedor, sin embargo, que lo primero que encontrásemos fuera un templo de Lamashtu… afortunadamente desierto. Ya era bastante inquietante la estatua de la Madre de Monstruos.

Pero no tardamos en encontrarnos bien pronto con uno de los secuaces de Nualia, al que sorprendimos estudiando en una sala llena de mapas que los cultistas parecían usar para sus sesiones de planificación; ¡sin duda allí se había gestado el ataque a nuestro hogar!

Con todo he de decir que esperaba algo más de Nualia, después de lo vivido anteriormente. Nuestra adversaria era una maga de aspecto cetrino, y muy mala leche, aunque de habilidades muy discutibles. Intentó hacernos frente… muy brevemente. Pronto se dio cuenta de su inferioridad, y no tardó en huir, abriendo un pasadizo secreto en el que nosotros no dudamos en meternos, ansiosos por detenerla antes de que alertara a sus compiches. Pero ella conocía el lugar y nosotros no, y en la oscuridad no tardó en dejarnos atrás.

Descendimos en la estructura, y por todos los secretos de Nethys, que ¡ese lugar era asombroso! Antiguo, realmente antiguo. Su venerable edad casi se podía palpar, y cuando pasamos ante la estatua de un mago thassiloniano, armado con una guja y ataviado con esas de esas arcaicas túnicas que ya nadie usa, me quedé mirándolo maravillada, preguntándome cómo habría sido la vida en aquel pasado remoto. Leyendas es todo lo que nos queda de entonces, y las leyendas tienen tantas falsedades e impresiones…

Con todo, la maga acabó conduciéndonos hasta Nualia. Seguía siendo tan hermosa como en el pasado, aunque el rostro angelical ahora contrastaba grotescamente con su mano deformada, garruda, abiertamente repulsiva, y los dos chuchos que la acompañaban, horribles engendros del Abismo.

La miramos con odio, con resentimiento, nuestra conciudadana que había sido causante de la muerte de tantas personas conocidas, algunas de ellas muy queridas. Pero ella no nos reconoció. O más bien, no me reconoció a mí; Thaer siempre es más difícil de olvidar. Eh, bien, he de reconocer que tampoco es que nosotros tuviéramos gran contacto con ella en nuestra niñez… su padre la mantenía demasiado recluida y alejada de la “plebe”… pero aun así…


Aun así fue curioso y perturbador darnos cuenta de que había enloquecido. Total y absolutamente, además. Nualia no sólo no mostró un solo ápice de remordimiento por todas las muertes que había creado, sino que confundió a Helgrym con un amante varisio que había tenido en el pasado. ¡Había que estar chalada…! Pero así fue cómo nos enteramos de su historia, de cómo había quedado embarazada y de cómo su amante la había abandonado. Mientras trataba de matar a Helgrym, acusándole de esta felonía, la maga cetrina desplegó su magia sobre nosotros. No tardamos en abatirla, y en proporcionar a los chuchos un placentero sueño mágico, pero Nualia era más persistente y dura. Y más perturbadora. Después de lo que parecieron eones, Helgrym y ella intercambiaron sendas estocadas mortales. E incluso cuando murió, lo hizo hablándole a su amante infiel, ni siquiera esa dignidad le dejó a Hel…

Aunque, no, no debo dejarme arrastrar por la ira. Cima del Cardo se ha cobrado la vida de dos compañeros, y eso es difícil de perdonar, pero lo cierto es que con su postrero aliento Nualia nos agradeció haberla liberado de su maldición.

Aun estábamos conmocionados ante el cuerpo destrozado de Hel cuando nos dimos cuenta de que aquello no había acabado…

Una voz resonó en mi cabeza, y en la de mi hermano, suplicando, ordenándonos que la liberáramos. Era una voz aplastante. Me vi obligada a arrodillarme en el suelo, ¡yo, que nunca me doblego ante nadie!, mientras una visión se abría paso en mi mente...

...un gran imperio... monumentos grandiosos, como recién erigidos…. edificios ciclópeos... individuos vestidos con túnicos al estilo Tian Xia… y ah el poder que portaban con ellos…

Me vi obligada a agachar la cabeza, esta vez no porque me obligaran, sino por puro pasmo… aquellos triunfos del arte… cómo los admiré… cómo los deseé…

Thassilon…

Y un nombre, el dueño de la voz, el que exigía ser liberado… Malfeshnekor.

Thaer también había visto aquello, aunque las visiones que recibió fueron distintas, incidiendo en riquezas fabulosas que sin duda deseó tanto como yo aquella espléndida magia. Aunque yo no sentí la oleada de ira que le recorrió, ansioso de consumirle…

No caímos en la tentación. Abandonamos aquel ser (¿el famoso “dios” de los goblins?) en su prisión.

Era hora de volver a casa…